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Artículos de Opinión

Los artículos de opinión recogidos en esta sección reflejan nuestro compromiso con los principios y valores fundamentales que nos definen como partido, siempre desde una visión basada en la libertad, la responsabilidad y la buena gestión. Publicados en los medios digitales de Sant Cugat (Tot Sant Cugat y Cugat Media), abordan principalmente cuestiones de actualidad local, sin dejar de lado otros temas de interés general que, por su relevancia, merecen nuestra atención y análisis. Estos escritos están firmados por miembros del Partido Popular de Sant Cugat y de Nuevas Generaciones, quienes aportan su visión y dedicación a la ciudad
jovenes y politica

Jóvenes y política: una relación imprescindible

Vivimos en una época marcada por la incertidumbre. Una época en la que todo parece ir más deprisa que la capacidad de las instituciones para responder.

La economía es cambiante, la tecnología transforma nuestras vidas, la vivienda se convierte en una preocupación diaria, la política internacional parece más inestable que nunca y muchos jóvenes sentimos que el futuro, en lugar de ser una promesa, se ha convertido en una pregunta abierta.

Ante este escenario, hablar de jóvenes y de su participación en política no es hablar del futuro, sino del presente. No somos una generación en espera, ni una fotografía de renovación, ni una promesa útil para completar discursos. Somos ciudadanos de hoy. Estudiamos, trabajamos, pagamos alquileres, emprendemos, participamos en proyectos y vivimos directamente las consecuencias de las decisiones que se toman en las instituciones. Por eso nuestra voz no puede aparecer solo en campaña electoral ni quedar reducida a un recurso simbólico. Tiene que estar donde se decide, donde se propone y donde se transforma.

Durante demasiado tiempo se ha hablado de los jóvenes como si nuestra función fuera esperar: esperar a tener más edad, más experiencia o más permiso para opinar. Pero una generación que ve cómo se complican cuestiones esenciales de la vida no puede limitarse a mirar desde fuera. Quedarse al margen también tiene consecuencias. Si no participamos, otros decidirán por nosotros. Si no defendemos nuestras ideas, el futuro se construirá sin nuestra mirada.

En un mundo como el actual, los jóvenes podemos aportar a la política tres elementos imprescindibles: realidad, urgencia y renovación. Realidad, porque vivimos de cerca problemas que muchas veces se explican desde la distancia. Para nosotros, los grandes debates públicos no son abstracciones: son decisiones que afectan a nuestra posibilidad de emanciparnos, trabajar, formarnos, emprender y construir una vida propia. Cuando la política se aleja de la vida cotidiana, pierde sentido. Los jóvenes podemos devolverle esa conexión.

También aportamos urgencia. Nuestra generación no puede esperar eternamente a que los problemas se resuelvan solos. No podemos aceptar que independizarse sea una excepción, que trabajar no garantice estabilidad o que emprender se convierta en una carrera de obstáculos. Los jóvenes tenemos menos paciencia con las excusas porque vivimos directamente las consecuencias de los problemas no resueltos. Esa impaciencia, bien entendida, no es irresponsabilidad: es exigencia. Es la fuerza de una generación que no quiere resignarse.

Aportamos, además, renovación. Pero no una renovación vacía ni basada únicamente en la edad. Ser joven no significa tener siempre razón, igual que tener experiencia no significa estar siempre acertado. La política necesita sumar ambas cosas: la experiencia de quienes conocen las instituciones y la energía de quienes todavía no han aceptado determinadas inercias como inevitables. Los jóvenes podemos cuestionar aquello que otros han normalizado durante demasiado tiempo. Podemos preguntar por qué todo tarda tanto, por qué tantas promesas no se cumplen y por qué algunos problemas parecen condenados a repetirse.

Esa mirada joven es especialmente necesaria porque muchos de los problemas que preocupan a nuestra generación no son teóricos. Son concretos. Afectan a nuestra vida diaria y condicionan nuestro futuro. La vivienda, el empleo y la educación son algunos de los más evidentes, porque marcan la posibilidad de construir un proyecto de vida.

La vivienda se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de los jóvenes. Para demasiados, independizarse ha dejado de ser un paso natural para convertirse en una meta casi imposible. Hemos crecido escuchando que, si estudiábamos, trabajábamos y nos esforzábamos, podríamos construir nuestro propio proyecto de vida. Sin embargo, en muchos municipios, como el nuestro, quedarse se ha vuelto cada vez más difícil. Muchos jóvenes se marchan no porque quieran, sino porque no pueden permitirse vivir donde han crecido.

Cuando un municipio expulsa a sus jóvenes, pierde mucho más que población. Pierde arraigo, talento, relevo generacional y futuro. Pierde jóvenes que podrían implicarse en sus entidades, abrir negocios, formar familias, participar en la vida local y mantener viva la comunidad. La vivienda no es solo un techo. Es independencia, estabilidad y dignidad. Sin acceso a una vivienda, la libertad queda incompleta.

También preocupa el empleo. Los jóvenes no pedimos nada imposible. Pedimos oportunidades. Queremos trabajar, progresar y que el esfuerzo tenga recompensa. Queremos que estudiar sirva para abrir puertas, no para acumular frustración. Queremos que el empleo no sea sinónimo de precariedad.

El empleo no es solo un salario. Es autonomía, dignidad y proyecto de vida. Por eso necesitamos una política económica que entienda que sin empresas no hay empleo, sin inversión no hay crecimiento y sin crecimiento no hay oportunidades. Asfixiar a quien quiere emprender o demonizar a quien crea empleo no protege a los jóvenes: les cierra puertas.

La educación es otro pilar fundamental. Una sociedad que quiera ofrecer oportunidades reales a sus jóvenes debe tomársela en serio. No basta con hablar de futuro si no damos a las nuevas generaciones las herramientas para construirlo. Necesitamos una educación que forme ciudadanos responsables y que prepare a los jóvenes para trabajar y convivir.

Por todo ello, la política necesita jóvenes que aporten realidad frente a los discursos vacíos, urgencia frente a la resignación y renovación frente al inmovilismo. Necesita jóvenes que hablen de estos problemas no como temas de programa, sino como realidades que conocen y viven. Jóvenes que defiendan sus ideas, que participen y que entiendan que implicarse no es una opción secundaria, sino una responsabilidad.

Nuestra generación no pide privilegios ni soluciones fáciles. Pide algo mucho más básico: poder construir su propio futuro. Quiere oportunidades reales, estabilidad y una política que vuelva a creer en el valor del esfuerzo. Una política que deje de hablar de los jóvenes como una promesa lejana y empiece a escucharlos como protagonistas del presente.

Porque los jóvenes no somos el futuro de la política: somos ya una parte necesaria de ella.