

El precio del alquiler en Sant Cugat del Vallès no solo experimenta una subida sostenida, se está disparando de una manera mucho más exponencial y agresiva que en el resto de municipios del AMB.
No estamos ante una dificultad coyuntural ni un bache pasajero, sino ante un grave problema estructural que actúa como una barrera de exclusión. Esta dinámica expulsa directamente a quienes deberíamos ser el motor vital, económico y social de la ciudad: los jóvenes. Sant Cugat está sufriendo una preocupante sangría de talento y vitalidad; una bajada drástica de jóvenes emancipados que, ante la imposibilidad manifiesta de costearse un techo en su entorno, se ven obligados a marchar de su propia ciudad, rompiendo sus vínculos y proyectos de vida.
Lo tenemos una convicción nítida y fundamentada: la única receta real para revertir esta crisis es el aumento decidido de la oferta. Durante años, las políticas intervencionistas de izquierdas han tratado de modelar el mercado de manera equivocada. El resultado es evidente y desastroso: el hundimiento de la oferta disponible y una pérdida total de la seguridad jurídica, elementos indispensables para cualquier mercado sano.
La realidad es matemática y no entiende de ideologías mal aplicadas: si estrangulas un sector económico, lo asfixias a regulaciones y, además, lo criminalizas, este simplemente desaparece. No podemos permitir que el debate sobre la vivienda se base en la persecución de los propietarios. Al contrario, la política pública debe centrarse en incentivar la estabilidad del mercado, ofreciendo garantías y facilitando la construcción.
Resulta incomprensible que, en un municipio donde la edificación es técnica y territorialmente plausible, se construya tan poco. ¿Cómo es posible que, ante una demanda histórica, se bloquee al tejido empresarial para desarrollar un aumento de la oferta? Debemos permitir que el mercado encuentre su equilibrio natural mediante el incentivo y la colaboración, no mediante la prohibición.
A esto se suma un escenario estrambótico: la parálisis generalizada en la construcción de Vivienda de Protección Oficial, una carencia que afecta a todo el país pero que aquí se vuelve crítica. Frente al modelo de control asfixiante que hace desaparecer los pisos y encarece el acceso, existe otra vía: la de la libertad y la facilitación.
Desde Nuevas Generaciones presionaremos con firmeza para lograr un cambio de rumbo en la política de vivienda. Es hora de apostar por soluciones que funcionen para que, por fin, los jóvenes de Sant Cugat podamos recuperar nuestro derecho a tener un futuro en nuestra ciudad.