

Junts ha dado un paso extraño en las últimas semanas: presentar la gestión de Josep Maria Vallès como un modelo de éxito digno de exportar. Y sorprende, porque más allá de la propaganda, la realidad que viven los vecinos de Sant Cugat es muy distinta.
Es evidente que para Junts el cumplimiento de las promesas ha quedado en un segundo plano. Pero resulta especialmente llamativo que ahora intenten convertir en referente una gestión que ha decepcionado tanto a quienes confiaron en ella como al conjunto de la ciudad.
Y lo cierto es que Vallès no lo tenía difícil. Llegaba después de un mandato tripartito de izquierdas que dejó Sant Cugat sumido en la improvisación y el desorden. Bastaba con aportar estabilidad, sentido común y capacidad de gestión. Sin embargo, tampoco ha sido capaz de hacerlo.
Más impuestos y más presión fiscal
Uno de los grandes compromisos del alcalde fue garantizar una fiscalidad moderada. Prometió no subir los impuestos. Pero la realidad es que este mandato terminará con los santcugatenses pagando más que durante el gobierno de ERC, PSC y CUP.
Este 2026, el Ayuntamiento ha incrementado el IBI un 2,4% para todos los inmuebles, escudándose en el IPC. A eso se suma la nueva tasa de residuos, impulsada por el Gobierno de Pedro Sánchez y sus socios, y aplicada en Sant Cugat con una gestión deficiente que ha provocado miles de recursos por parte de vecinos afectados.
Si Vallès realmente hubiera querido cumplir su compromiso de no aumentar la presión fiscal, habría compensado esta nueva tasa reduciendo el IBI, tal y como propuso el Partido Popular. Pero no lo hizo. Y mientras tanto, Sant Cugat continúa teniendo el IBI más caro de Catalunya. La pregunta es inevitable: ¿es esto la moderación fiscal que prometía Junts?
Una ciudad sin planificación ni servicios suficientes
Vallès también prometió una ciudad más dinámica, con mejores equipamientos y mayor capacidad para depender de sí misma. Pero la realidad es justamente la contraria.
Sant Cugat arrastra un grave déficit sanitario y el Ayuntamiento no está haciendo lo suficiente para corregirlo. Una ciudad de nuestra dimensión no puede resignarse a perder su hospital de referencia a cambio de equipamientos insuficientes. Necesitamos un cuarto CAP, urgencias pediátricas 24 horas y una defensa firme de los servicios sanitarios que merecen los vecinos.
También resulta incomprensible que los santcugatenses tengan que desplazarse fuera del municipio para realizar un trámite tan básico como renovar el DNI. Escudarse en que “no es competencia municipal” no puede ser una excusa permanente. Gobernar también consiste en liderar, exigir y presionar a otras administraciones cuando la ciudad lo necesita.
Por eso cuesta entender que el gobierno municipal priorice proyectos desproporcionados, como una Biblioteca Central de 14 millones de euros, mientras cuestiones esenciales siguen sin resolverse.
Suciedad, abandono y falta de mantenimiento
La limpieza es otro de los grandes fracasos del mandato. Fin de semana tras fin de semana, los vecinos ven cómo se acumula la basura en numerosos puntos de la ciudad. Y eso sucede pese a que el servicio cuesta más de 13 millones de euros anuales.
Las imágenes de suciedad se repiten en zonas céntricas, en los alrededores del Monasterio y en barrios donde el abandono es todavía más evidente. La presencia de ratas en algunas calles se ha convertido en un símbolo de la dejadez municipal.
El deterioro también afecta al mantenimiento urbano. Aceras en mal estado, pavimentos deteriorados y calles mal conservadas generan problemas de accesibilidad y riesgos evidentes, especialmente para las personas mayores.
A esto se suma la falta de iluminación en determinadas zonas próximas al ocio nocturno, lo que incrementa la sensación de inseguridad de muchos jóvenes cuando regresan a casa.
Vivienda: promesas vacías y jóvenes olvidados
La vivienda es, probablemente, la mayor preocupación de toda una generación. Sin embargo, el gobierno de Vallès ha sido incapaz de ofrecer soluciones reales.
Los jóvenes ven cómo el precio de la vivienda continúa disparándose mientras el Ayuntamiento lanza globos sonda. No existen políticas efectivas para evitar el éxodo juvenil ni ayudas suficientes para facilitar el acceso a la vivienda.
A ello se añade la situación de la vivienda pública gestionada por Promusa, marcada por incidencias constantes, falta de transparencia y graves problemas estructurales. Casos como Rabassaires o Mira-sol Centre, entre otros, han evidenciado defectos graves de construcción, humedades, grietas y falta de aislamiento, mientras los vecinos llevaban años reclamando soluciones sin recibir respuestas eficaces.
Pero el problema va más allá de la vivienda. Muchos jóvenes sienten que el Ayuntamiento directamente les ha borrado del mapa municipal: una programación cultural que no cuenta con ellos, unas Fiestas Mayores donde cada vez tienen menos espacio y una política deportiva sin planificación ni ambición.
Un modelo agotado
Por mucho que Junts intente vender esta gestión como un éxito, la realidad es evidente. Vallès llegó prometiendo bajar impuestos, mejorar los servicios, reforzar los equipamientos y transformar la ciudad. Y termina el mandato incumpliendo prácticamente todas esas promesas.
Durante estos años, el gobierno municipal ha actuado demasiadas veces de espaldas a la realidad cotidiana de los vecinos, alejándose de entidades, colectivos y ciudadanos que esperaban otra forma de gobernar.
Convertir esta gestión en un referente no solo es un error: es intentar normalizar un modelo agotado, ineficaz y desconectado de las necesidades reales de Sant Cugat.
Nuestra ciudad no puede resignarse a la parálisis, a la presión fiscal injustificada ni al deterioro progresivo de sus calles y servicios. Sant Cugat merece una alternativa seria, cercana y responsable. Una alternativa que escuche, gestione y cumpla su palabra.
Y esa alternativa tiene nombre: Álvaro Benejam.